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Por: Gessenia Gómez - Pasante
Tradicionalmente se ha reconocido el universalismo como una característica de los derechos humanos, lo que quiere decir que todos los habitantes del mundo tenemos el privilegio de gozar de los mismos derechos humanos, sin diferencias discriminatorias por nuestro origen social, nacionalidad, edad, sexo, etc. Este principio puede lucir un poco utópico si analizamos con detenimiento la reciente realidad mundial, específicamente las guerras que se libraron en el siglo pasado por el odio promovido hacia otros que nacieron bajo diferentes territorios o que profesaban distintas religiones. Muchos países, principalmente en el hemisferio oriental y en el continente africano, se encuentran todavía en el atraso que fomenta la intolerancia, con relación al lugar en que nacieron, privándose así de los beneficios que proporcionan las riquezas de culturas diversas, defendiendo un concepto errado de soberanía .
Según estudios de la Organización de las Naciones Unidas, 1 de cada 35 personas es un inmigrante en el mundo, lo que quiere decir que 1 persona de cada 35 se desenvuelve en una nación que no es la suya, al menos por nacimiento. Esta importante estadística nos da la pauta para reconocer la importancia de analizar el tema de los extranjeros en relación a sus derechos humanos en la nueva nación que les abre las puertas y cómo su nacionalidad repercute en el trato que recibe en su nuevo ambiente social.
Partimos de lo anterior para hacer mención de un fenómeno que se viene dando con mucha frecuencia a nivel mundial, la Xenofobia. La Xenofobia, según el Diccionario de la Rea Academia de La Lengua Española, es Odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros. Cuando hacemos referencia a la Xenofobia en Panamá como práctica social, no nos referimos necesariamente a una Xenofobia intencional, más bien al rencor que sienten algunos al ver que las plazas laborales son ocupadas cada día más por extranjeros, que si bien es cierto muchas veces están mejores preparados que los mismos nacionales, no es razón de peso para que se de esta situación.
Según el Código de Trabajo de la República de Panamá, existen normas generales que protegen a los trabajadores nacionales:
Art1 17: Todo empleador mantendrá trabajadores panameños, o extranjeros de cónyuge panameño o con diez años de residencia en el país, en proporción no inferior al 90 por ciento del personal de trabajadores ordinarios, y podrá mantener personal extranjero especializado o técnico que no exceda del quince por ciento del total de los trabajadores.
En ningún caso los porcentajes de salarios o asignaciones en conjunto y por categoría, podrán ser menores que los fijados en el párrafo anterior.
No obstante lo anterior, se podrá permitir una proporción mayor de especialistas o técnicos extranjeros por tiempo definido, previa recomendación del Ministerio de Trabajo y Bienestar Social….
En Panamá todavía no hemos llegado al punto de atentar contra la vida e integridad personal de otro, por el simple hecho de ser inmigrante. Esta suerte no la han corrido países como Honduras, Suiza, Grecia, etc., en donde se ven rasgos notorios de xenófobos.
Algunos organismos Internacionales, como la Comunidad Europea, aprobó la Ley contra la Xenofobia y el Racismo, que contempla condenar hasta con tres años de cárcel los comportamientos xenófobos y racistas.
No podemos dejar de resaltar que a contrapeso de actitudes discriminatorias, racistas y xenofóbicas, existen también experiencias de apertura, acercamiento, involucramiento que genera redes de solidaridad y espacios de intercambio, aprendizajes que construyen la interculturalidad y que no sigan creando una brecha más grande entre los extranjeros y nacionales de una nación.
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