Por: Lic. Cristóbal Gómez-Gutiérrez

Posiciones e intereses son el campo de acción de los negociadores, mediadores y conciliadores. En esta ocasión dedicamos algunas líneas a estos conceptos elementales, aplicables a toda clase de conflictos, desde los personales, institucionales y hasta internacionales, armados o no.
Cuando existe un conflicto, las partes que han contribuido en su co-construcción y aún se encuentran implicadas, no están más que friccionando sus propósitos de la manera en que cada cual ha deseado proyectarlos en la vida social. No intervienen los facilitadores de la resolución alterna de conflicto (como negociadores, mediadores y conciliadores) en conflictos intra-psíquicos sino en situaciones en que las interrelaciones sociales se ven afectadas. La exteriorización de los propósitos podríamos decir que es lo que se denomina “posición” de la parte. Las posiciones son la respuesta a la pregunta “¿qué dice la parte que quiere?”.
Un clásico de la introducción a los métodos de resolución alterna de conflictos es el caso de las niñas y la bolsa con naranjas. Se cuenta que su tía les regaló una bolsa con naranjas y aquellas comenzaron una disputa en torno a quién les pertenecían realmente. La posición de cada una de las niñas era tener todas las naranjas para sí. En la vida real las posiciones pueden ser tan diversas como propósitos inmediatos se proponga un sujeto: para quienes comparten automóvil y discuten su utilización, la ruta que cada uno quiere tomar es su posición; para los que deben realizar una actividad y no logran ponerse de acuerdo en el lugar, el lugar propuesto por cada uno es su posición; o para el país que desea abastecerse de petróleo, el método de la guerra alguna vez ha sido su posición procedimental.
Los facilitadores de métodos alternos de solución de conflictos trabajan con los intereses. Estos responden a la pregunta “¿qué mueve realmente a la parte a expresar o actuar determinada posición?”. Los intereses son muy diversos, pero en proporción a las posiciones son más amplios. En un conflicto asemejan la parte hundida de un iceberg (la parte flotante sería la posición) porque no se manifiestan tan prontamente; es más, algunas partes en conflicto no saben realmente cuáles son sus verdaderos intereses y es deber del mediador hacérselos descubrir en sesión privada. Por otro lado los negociadores, si bien representan de la manera más legítima a cada una de las partes en conflicto, deben estar claros que sus posiciones iniciales deben ser perfectamente maleables pues en el curso del diálogo las posiciones que se contradicen implican un problema presente o futuro.
Los intereses son más amplios. Tanto, que en algún punto los intereses de todas las partes de un conflicto llegan a converger. Cada caso depende por supuesto. Traigo a colación el debate previo al referéndum para la aprobación de los Tratados Torrijos-Carter. Un porcentaje de panameños no estaba de acuerdo con ellos mientras que la posición mayoritaria era el acogerlos. Aunque parezca impresionante para quien no vivió en la época, realmente había panameños que no querían tales tratados. Pero, ¿en qué se basaban? Su posición se basaba en que no era justo tener que soportar por veintitrés años más la “ignominiosa” bota extranjera en nuestro país, “Estados Unidos debía salir YA”. Si bien encontramos un debate de posiciones, que gracias a Dios no se tornó en enfrentamiento civil, hoy, a casi diez años de devuelto el Canal a las manos panameñas todos los bandos están satisfechos. ¿Por qué? Porque si bien había descuerdo en la posición del plazo, los intereses que los unían a todos eran los mismos, la devolución de la soberanía territorial del país y la transición de la administración del Canal de Panamá.
Por eso el arte del facilitador de métodos alternos de solución de conflictos es descubrir, categorizar y operar en los intereses y las posiciones, cuestión que no siempre es fácil. Para volver al caso de las niñas de las naranjas, el mediador les hizo a cada una solo una pregunta: “¿Y, para qué es que quieres las naranjas?” “Para hacer jugo de naranjas” contestó la primera. “Para hacer perfume con las semillas” contestó la otra. Problema resuelto. Los intereses comunes del aprovechamiento máximo de todas las naranjas hacía que no fueran incompatibles los métodos de aprovechamiento sino las posturas de cada una, la posición de quererlas todas íntegras para sí.
Dios bendiga al lector.

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